16 enero 2008

recién caminaba por el living de su casa. hablaba por teléfono haciendo gestos con sus manos.
cuatro de la tarde, ella en camisón, o parecía un camisón. Blanco, seguro algodón, tal véz un vestido de entrecasa. hace calor y ella caminaba por su comedor (living, comedor, quién sabe qué es). viente, tal vez treinta sus años. pongamos que se llama emilia.
emilia camina moviendo las manos, tal vez peleando con alguien o arreglando su próximo viaje. emilia tiene más de veinte, menos de treinta y cuatro.

hoy la vi caminando por su casa, yo acá, en el edificio de en frente, departamento tercero. ella también en el tecero, creo, es que puede ser el cuarto, porque acá acostado en el suelo no se puede contar con naturalidad: unos sillones, un balcón, dos hasta tres filas de autos, su balcón y ella, hablando por teléfono con su vestidito de algodón.
sumemosle a ambos balcones rejas, en realidad miento. sólo el mio tiene, pero ver a través de los cuadraditos de la reja me hace confundir la realidad de su balcón.
sigamos sumando, plantas y hojas enredadas a la reja, y mi pelo que cae en forma no recta sobre mi cara.

por eso, no sé si emilia se acerca a los veinticinco o raspa los treinta y tres, si sigue en camisón o si se pelea moviendo sus manos.


ya no sé si emilia es emilia, o si mira que la miro mientras escribo pensando que habla con su marido.
marido, marido porque dos veces en ese living creo haberla visto a emilia con un hombre hablando moviendo mucho las manos ambos, tal vez enojados.


camisón blanco, vestidito de algodón, me acerco al balcón, no espio, sólo sonrío al sentir viento sobre mi cara deseando que emilia sea emilia y que no haya discutido.

1 comentario:

emd dijo...

un buen voyeur!