10 enero 2008

ella te sonríe, y vos sólo querés llorar.


Es que ella te sonríe,
y no lo lamenta, y tal vez no lo sabe, pero llegó tarde.

Ella era una pendeja, y vos también lo eras, pero vos sentías, y no sabías que sentías pero sentías y sentiste lo mismo por años, sentías entre idas y vueltas, histeria pura y asquerosa, entre otros mundos que se hacían presentes, pero ella con unas simples líneas en una carta te cambiaba los días, el destino, el presente y volvías a su mundo.


Volvías como un pelotudo, aunque ya sabías lo que iba a pasar, una vez no te alcanzó, dos parece que tampoco. Tal vez a la tercera pudiste decir Hasta Pronto.

Después de seis años crecieron, creciste, creció.

Cuando la viste te tapaste los ojos, pero igual, caminaste con ella.

Y ya te habías olvidado de su voz, de sus habladurías en ese tono alto en medio de la calle, en medio del silencio, en medio de la lluvia.

Es que cuando la viste, cuando la escuchaste te diste cuenta de lo que produce el tiempo: ella formaba parte de ese grupo de mujeres que jamás te gustaron y que tal vez nunca te vayan a gustar. Esa forma de hablar, de vivir, de vestirse, de expresarse, de decirte raro, de que se quede rara ante tus acciones, sorprendidas ante tus palabras. No, gracias, hoy no quiero nadie que se extrasorprenda de lo que hago o digo.

Ese día compartieron el mismo sillón, el mismo aire, te acercaste, la acariciaste… La puta madre, hace cuanto que quería hacer esto…

Pero, por suerte o por desgracia, no sentiste nada de otro mundo, ella te dijo que la ponías nerviosa, que nunca antes le había pasado que unas manos la pusieran nerviosa. Eran tus manos, era tú respiración cerca de su cara que la ponía nerviosa. Te hizo poner tu mano sobre su pecho, no, no escuchaste ningún latido de corazón, callaste, y seguiste moviendo tus dedos, como lo imaginabas hace seis años.

Las horas pasaron ese día y pasaron los últimos seis años, pasaron lenta, rápidamente, pasaron. Y vos ahí y tus manos en su cara, te pones nervioso porque te habla de cualquier cosa, te enojas y decís que lo más feo del mundo es estar ahí con ella, haciéndole esos mimos que hacía tiempo nadie te devolvía y que ella te cuente lo que adquirió a la mañana. Hace seis años imaginabas caricias, y nunca el comentario de lo que se había comprado a la mañana.

Tal vez ese fue el punto clave, tal vez ese fue el quiebre donde te diste cuenta que ya era tarde. Que ese amor, ese amor que te supo cambiar los comienzos de la adolescencia, hoy se convierta en una simple llegada tarde.

En realidad, hacía unos años que ya era tarde. Pudiste construir las caricias más lindas, pudiste construir las historias vividas más hermosas, mujeres que te salvaron, mujeres que te hicieron feliz, que hiciste feliz.

Hacía unos años que el reloj ya no corría, porque supiste que el amor es único, entre vos y cada persona que te cruzaste en el camino. Ese amor es único entre dos pares, entre vos y ese alguien más que te supo hacer feliz, que te supo hacer sonreír, que supiste divertir, que supiste abrazar cuando lloraba, que supiste perseguir corriendo en medio de la avenida por peleas tontas o simplemente por placer.

Y esos amores no habían llegado tarde, o no casi todos.

Pero este, este llegó seis años tarde.

Vos la mirabas, y ella sonreía

La puta madre, no sonrías,

¿No ves que yo quiero llorar?

Te acostás en el sillón quedándote callado,

Tu cabeza a mil

Y ella ahí sentada

Adelante tuyo sonriendo, como nunca la viste sonreír.

Y vos.

Vos con las ganas más profundas de llorar.

Se besaron un rato más, hablaron, ella seguía sonriente,

Ella estaba feliz, y vos, vos te sentías tan mal, que querías vomitar, querías llorar, querías irte a la mierda, llegar a tu cuarto, acostarte y llorar, levantarte al otro día y decir con el corazón libre: Buen Día Vida.

Ella se quedó sonriendo

Y vos simplemente caminaste de vuelta a casa,

No, las piernas no te respondían, te sentaste en el colectivo con una mezcla rara en el cuerpo, por un lado, el corazón aliviado, el cuerpo liviano, pero por el otro lado sentías una enorme mochila en tu espalda, y justamente no era la tuya.

Llegaste a casa,

Y pensás... pensás que realmente ya es tarde, te agradeces por haberla visto después de años, de años de tenerla constantemente presente y de años en donde estaba totalmente olvidada. Pensás que no más, pensás que ya está…

Pero también recordás que ella habla como odias que te hablen, que ella vive como no te gusta vivir, que ella es de esa forma que no te llama para nada la atención, que ella está tan distinta a vos… e igual, estuviste en su sillón, diciéndole las cosas que no sabes si por inercia de las ganas de hace seis años atrás, o si porque lo sentías, le decías, mirándola a los ojos, a las mejillas, a la boca.

Pero

Pero

Pero nada… ojalá cuando despiertes puedas decir: Buen Día Vida de esa forma que te haga sentir libre el corazón y que te haga dar cuenta que el pasado, llegó tarde.

2 comentarios:

emd dijo...

me gustó mucho. Quizás porque hace un tiempo viví una situación algo similar... No sé... pero me gustó.

Saludos.

MiCoCoLeMbA dijo...

uy, esto sí que me hizo llorar...

me re gustó.

saludos!!