los títulos no tienen sentido

25 enero 2011

26 agosto 2010

Vos me preguntás qué amo. Me pongo a pensar, puedo inventar y creerme interesante por tres minutos. Pero no puedo. Porque me canso de buscar algo profundo que sentir, me canso de intentar recordar qué es lo que amo de ayer o de anteayer, o qué es lo que hoy amaría hacer. Me suicido con sinceridad. Amo la idea de conocerte. Eso, amar una idea. Casi tan real como amar los besos. Esos que no ahogan, que llenan, que acompañan un día, un mes de mierda. Besos que hacen cosquillas en el alma. Amar una idea, la de conocerte. Tal vez, después no te ame, y vos tampoco. Ese es el problema metafísico más grande del ser humano. El saber que podemos no amarnos. Los ojos que no se corresponden, las ganas y el miedo que no se unifican en una misma secuencia, tiempo, momento. Lo de querer caminarse de a dos, y que uno sea chueco y el otro ciego, que queramos ponernos a la par, en las mismas baldosas, pero no funciona. Porque vos estás en Marte, y acá todavía no es viernes. O cosas por el estilo, de gente que está en otra sintonía. En otro mundo. Y en otro momento. Qué mierda que es el tiempo.
Vos me preguntás qué amo. Y yo ya sin vueltas te digo que amo la idea de conocerte. Amar una idea. Amar la idea de conocerte a vos. Como muchos, como pocos, como la gran mayoría o la gran minoría que tiene esa idea de conocer a alguien que le agarre el corazón y lo sople, lo limpie. Lo vacíe de mierda y de miedo. Lo llene de amor. De cosquillas. Sí, otra vez dije cosquillas. Será que me faltan cosquillas. En todo el cuerpo, o en el alma. Hoy es jueves. ¿los jueves no son días de cosquillas? No sé. No me acuerdo. Ya me olvidé. De la misma forma que olvidé decirte que tengo miedo. Miedo a esto de vivir. Nunca es como en las películas, ni como las películas más tristes, ni como las películas más lindas. La vida a veces se aleja de la música, no nos conmueve. No nos hace escribir. Y solo la inercia nos hace vivir. Porque hasta tenemos miedo de desaparecer. Es mucho bla y bla y más bla. Y nunca un Sí. Un No. Un Estoy. O un Dejo De Estar. Todo es a medias. Hasta lo blanco y lo negro, hasta los extremos es a medias. Qué miedo que hay por acá. En todos lados. En él, y en ella. ¿En vos? ¿En mi? Amo la idea de conocerte. Aunque me muera de miedo. A veces, por algunas horas no puedo moverme.
Vos, ¿qué besos amás? ¿Los de amanecer? ¿Los de ida? ¿Los de vuelta? O ¿los que nunca vuelven? Creo que me pasa eso. Yo amo los que nunca vuelven. Porque quedan en ese perfecto sentir de saber que no van a empeorar. Del beso más lindo, es mejor pasar al beso invisible, volviéndose infinito. Y será eso lo que busco. Besos lindos. Infinitos. Los que nunca van a empeorar. Porque siempre, de alguna manera, empeoran. Por eso amo los besos que no volvieron. Esos, los invencibles. Vos, ¿qué besos amás? Tal vez te gustan los besos inesperados. De casualidad. De encontrarlos justo en el momento exacto. Sí, seguro a vos te gustan esos. Porque vos querés eso. Encuentros inesperados. Y yo no. Porque yo sé que vos y yo nunca nos vamos a encontrar inesperadamente. Porque yo ya no creo en un destino que me una a vos. Aunque escriba tu nombre con diferentes palabras. Aunque sepa que tu apodo es “mi amor”. No nos vamos a encontrar inesperadamente en ninguna esquina. Tal vez, ahí sí la vida es como en las películas. Vos estás en el colectivo que yo no corrí. O estoy en ese taxi que dobla en la esquina donde vos estás hablando por teléfono mientras llorás. Eso. Y nada más. Es una mierda. Porque nunca lo voy a saber. Vos y yo no nos vamos a encontrar.
Por eso amo la idea de conocerte. Porque es solamente una idea. Las ideas nunca se vuelven realidad. Preguntémosle a esos que mueren a diario buscando su paz. A los que están hartos de lastimarse encontrando un poco de bienestar. Vos ¿qué parte del cuerpo te lastimas? Yo no te voy a decir. Tampoco me lo digas. Es algo personal. Es silencio individual. No me digas. Pero sí, contame ¿qué besos amás?

26 mayo 2010

once

- ¿Alguna vez tuviste un amigo imaginario?
- No.
- ¿En serio?
- ¿Por qué te voy a mentir? Nunca tuve, nunca me dio la imaginación para tanto
- ¿Tenías muchos amigos?
- La televisión. Y de más grande un monitor y un teclado.
- Moderna tu niñez, tu preadolescencia.
- Una mierda. Ahora que lo pienso… hubiera preferido tener algún amigo imaginario... ¿Vos tenías un amigo imaginario?
- Sí.
- ¿Tenía nombre?
- Tiene
- ¿Cómo que tiene? ¿Lo seguís teniendo?
- Sí.
- Je... ¿Y cómo se llama?
- No lo sé. Todos los días cambia de nombre.
- ¿Todos los días?
- Sí. Fue la única forma que encontré para no aburrirme y además sentir que son varios y no uno solo… aunque en el fondo sé que es siempre el mismo, con otra cara, y otro nombre…
- Aburrirte...che… ¿y tus amigas?
- ¿Cuáles?
- Gabriela…las del auto. Las de ese día…
- ¡Ah!.Aparecieron hace poco… pero no se comparan…
- ¿Con quiénes no se comparan?
- Con mis verdaderos amigos
- ¿Con los que salimos la otra vez?
- No. Esos eran compañeros…
- ¿Entonces?
- No quiero hablar Norman…
- ¿Por qué?
- Porque me da vergüenza…
- ¿Qué cosa?
- Hablar de esto…
- Pero…vos empezaste…
- … lo sé…
- … ¿y entonces?…
- Es que… no importa…
- Está bien… ¿Ya llegamos?
- No, todavía no. Falta la mitad del viaje recién…
- Entonces saco el mp3.
- Dale.



- Mira ése nene.
- Es muy lindo…
- ¿Tendrá amigos imaginarios?
- Seguro...
- ¿Decís?
- Sí, tiene cara de dormir sonriente.
- ¿Vos dormías sonriente entonces?
- ¡Norman!..
- ¡Perdón!...


- …sí, dormía sonriente...
- ¿Qué dijiste?
- …que dormía sonriente…
- Siempre dormís sonriente. Me gusta cuando dormís… creo que te lo dije…me das la impresión de que siempre sos feliz cuando cerrás los ojos…
- Pero ahora no duermo sonriente por lo mismo que antes… el nene tiene cara de dormir feliz…
- ¿Y cómo lo notas? Yo no me doy cuenta…
- … mirale los ojos…
- …sí…
- … miralo cuando mire por la ventana…
- …
- … ¿viste?...
- ¿Qué cosa?
- Se cuelga mirando la calle. Con la mirada medio triste...mirá como tiene los parpados a medio cerrar…ya van varias veces que se queda fijo en un punto de la calle, o de la vereda. Siempre termina sonriendo. Se alegra y vuelve como si nada a hablarle a su mamá.


- ¿Cuándo te colgás así es porque estás viendo a alguien?
- Ya no.
- ¿Y antes?
- Al principio… hasta que descubrí que siempre cuando llegaba a casa, me estaban esperando… y ya no necesitaba encontrarlos a mi lado todo el tiempo…
- …linda de chiquita también…
- … no me jodas…
- ¡Pero es lindo lo que decís!
- A la gente le daba miedo. Me acuerdo que en el colegio había una chica que tenía amigos así… todo el mundo la jodía… nadie la entendía… una vez le quise hablar, pero no sabía como explicarle que estábamos del mismo lugar…
- Siempre pasa eso en los colegios… y en la vida también…
- En los recreos siempre tenía los ojos tristes. Los nenes la jodían y las nenas no se le acercaban. Siempre alguna profesora se quedaba con ella. Era muy inteligente. Los padres la terminaron cambiando de colegio. Los maestros siempre pedían que no la jodieran...pero no hacían caso los pibes…
- Todos fuimos unos hijos de puta en mayor o menor medida…
- Tenías que verla. Siempre cuando salía del colegio, salía con ganas de sonreír. Se le notaba... Uno de los últimos días me acerqué, y le pregunté dónde vivía… Cuando me respondió, y me di cuenta que nadie nos escuchaba, le pregunté cómo se llamaban… ella fue la que me enseño lo de los nombres, para no aburrirme… Tenía los ojos muy tristes… pero tenías que escucharla hablar sobre sus amigos… Le temblaba la voz y los ojos le brillaban… Odie siempre que nadie la entendiera. Por eso… sos la primera persona a la que se lo cuento…
- Te tengo que hacer escuchar un tema… Creo que necesitamos escucharlo. Tal vez a ellos también les guste..
- Ja… ¿Cómo se llama?
- “Sad & Beautiful World” Ahora lo pongo, esperá que lo encuentre…
- Debe ser lindo…



- ¿Son, eran, amigos de verdad?
- Más que los que alguna vez tuve… Sí…
- ¿Eran como vos?
- No…eran como ellos querían ser…
- Pero… generalmente cuando uno quiere tener amigos así, ¿no quiere que sean como uno? ¿Y hagan lo mismo? ¿Y sientan lo mismo?
- Al contrario. Nunca fueron como yo, no importa como eran… siempre terminábamos jugando y sintiendo lo mismo… Era inevitable.
- A mi me siempre me hubiese gustado tener un amigo que se parezca a mi…
- ¿Por qué?
- Porque sí...
- No. Un vos ya es suficiente…No habemos una Josefina para cada uno…
- ... vas, jugás. volvés, sos felíz, no te mira mal…te entiende, lo entendés…
- ¡Pero termina siendo aburrido que sea como vos!
- .. no sé… no lo sé…no lo creo. Siempre sonreían ellos. Los que se parecían terminaban juntos. Jugando a lo mismo. Ríendo de lo mismo… Siempre es igual, de grandes, de chicos…
- Termina siendo aburrido…
- Tal vez… aburrido también es todo lo demás…
- Todo no…
- Sí, si no nunca hubiesen existido tus amigos…
- Pero no era por aburrición… era por...no importa…
- No hace falta que lo digas, creo que te entiendo... ¿Te gustó el tema?...
- Sí…es precioso… Guárdalo que ya llegamos, en la próxima nos bajamos.



- Che… ¿La Josefina Reina alguna vez supo de todo eso?
- Nunca se lo conté… nunca me dijo nada… pero creo que sí. Al fin y al cabo…cuando ella me venía a tapar, yo ya estaba feliz…
- Mejor no le comento nada, por las dudas… ¡Ah! …por cierto…
- ¿Qué?
- ¿Le dijiste?...
- ¿Qué cosa?
- Que… me cuesta… que no se preocupe… si no…
- No hizo falta. Ella entiende sin que le diga nada… además… acordate la hija que tiene…
- Y… ¿es linda como la hija?
- Ojito vos…
- Boba…



- Norman…
- ¿Qué Jo…
- Cuando vayamos a mi cuarto… quiero presentártelos…
- ¿Les caeré bien?
- Creo que sí… por algo ellos existen así… Y si no pasa, les hacemos escuchar ese tema… creo que te van a terminar abrazando… y yo... yo voy a ser muy feliz…

31 marzo 2010

un mail del viejo continente

(un mail del viejo continente, es imposible no compartirlo, pedí permiso y me lo dieron)

¿Sabes dónde empezó el problema? Ella me besó, yo no hice nada, sólo quería darle los dos besos en la mejilla, como ya me acostumbraron, pero ella me besó. Y me fui, como un pelotudo feliz me fui. Yo no quería besarla, lo sabes. No; es de esas personas tan guapas que no podés besarla las primeras horas que la ves. Antes de eso, habíamos compartido esperas de alcoholes, pasto, lecturas de capítulos de los libros que veníamos leyendo cada uno - ella leía a juan josé millás, te lo recomiendo, seguro allá conseguís algo-, el nerviosismo de la primera impresión. Y ¿sabes qué? A vos seguro te va a gustar, tiene eso de la mujer. Eso que la hace tan bonita, y no se puede explicar. Vos me entendés. Y tenía un vestido, un vestido que opacaba al sol del mediodía. Y le quedaba tan bien. Aunque me cueste no pensarlo, aunque me avergüence decirlo. En un momento, antes de bajar al metro y despedirnos, se traslucía lo que había abajo de su vestido. Y lo único que quería era desaparecer, o detener el tiempo, culpa de tanta hermosura. Y más allá del erotismo, son esas imágenes que te quedan en la retina. Porque, es imagen de mujer. Hasta en ese segundo la sentí más hermosa del antes y del después. Te seduce, esa imagen te seduce, desde una delicadeza que no entendés. Porque lo que te genera no es impulsión hormonal, si no deseos de amor. De sexo en su estado puro, noble. Amor. Bajamos las escaleras, sin poder borrarme esa imagen de mujer. Y, en el "adiós, encantada de conocerte" con un previo arreglo del día que nos volveríamos a ver, ella dirigió sus labios a los míos. ¿Y qué hice? Nada. Porque soy un boludo. Pero no. No soy un boludo. No quería besarla, no todavía. Ella lo hizo, sin saber que iba a generar todo esto. Y sabes que la vi desde el otro lado del andén, esperando, sentada leyendo, y me daba vergüenza verla. Y no llegaba ninguno, ella seguía ahí sentada, y yo seguía con el corazón mambeado. Lo pensé, te juro que lo pensé. Y sabes que si te digo que lo pensé, es porque lo pensé. Bajarme, cruzar las vías, subir hasta donde estaba ella y pedirle que no se vaya. Todo por ese beso. Si no me hubiese besado, seguro el que se sentaba a leer era yo, levantaría la mirada como por un segundo, y volvería a las líneas caligrafiadas.
Y se fue para su lado, y yo para el mío. Cogí el móvil y marque su número. Le escribí, cosas que necesitaba decirle. Me respondió. Cosas más lindas que las esperadas.
No sólo me besó, si no que me dijo cosas bonitas. (Sabes que antes, como era de esperar, había reparado en mi acento, y en las palabras y en las forma en cómo las decía, y se reía de lo que decía. Pero, también me había "elogiado" las uñas -entre comillas, porque, no se si era un elogio, pero a mi me gustó recibirlo así, tal vez como piropo, como dicen allá-. Me dijo que tenía las uñas “en mejor estado” que las de ella; sí, justo en esos momentos donde por fin le cogiste la mano después de reprimirte tantos largos interminables minutos y del otro lado en medio de la paz intentan desinflamar los nervios).
Llegué a casa, lo vi a Martín que estaba triste, frente a la tele, lo abracé, me dijo "Boludo", sorprendido. Se alegró. Y se puso a jugar. Apagué la tele y me fui a acostar. Pero no pude. Te juro que no pude. Y abrí el correo. Y le escribí. Tenía muchas ganas de ella, vos sabes como es esto. Tenía ganas de seguir viéndola a los ojos. O, para qué mentir. Verla a los ojos. Esquivar su mirada. Buscar su mirada. Esquivarla forzosamente por la vergüenza, y volver a mirarla. Y a veces, mirarla dos segundos más, aguantar otros dos. y hasta tal vez poder decir una oración entera mirándola a los ojos. No sabes qué guapa es.
Vos te preguntarás cuál es el problema.
El problema es que ella me besó. Ya lo dije.
Porque a las horas, además del encuentro que teníamos programado para varios días después, también le pedí de volver a vernos pronto. Le dije que quería sentir su olor, tenerla cerca un rato. Y no me respondió. No me dijo nada. E insistí un rato más tarde. Y ella. Ella nada.
Me callé, me costó muchísimo, pero me callé. Esperé a que pasara el tiempo, a que llegara el día que habíamos establecido para volver a vernos. Le mando un mensaje a su móvil, no me responde. Le mando el segundo, horas después. Pero sin noción, como adormecido e hipnotizado por mis violentas ganas de verla. Ya está, pensé. Ya está. Ella me besó. Ella generó esto en mí, ese entusiasmo de volver a verla que invadió su sombra tan pronto, sin respiro de los días a lo desconocido. A veces me cuesta controlarme, y más en esta época. Y cuando dejé de escucharla, sentí esa infrenable necesidad de querer seguir escuchándola. Ella me besó, y se sintió molesta por mis mensajes. Por mi "presión". ¿Es mi culpa? Sí, lo sé. Lo es. Pero te juro, que no lo pude evitar. Yo no estaba preparado para un beso.


27 enero 2010

Todos estamos enfermos. Todos somos enfermos. Y el que no lo está, lo estuvo.
El que no lo está, tiene huevos, tiene valor, y tiene una humanidad enorme, cosas que el que está enfermo no tiene.
Los que afrontan, los que pueden enfrentarlo para dejar de ser enfermos, dejar sus vicios, sus virus, sus mierdas internas, sus obsesiones.
Todo el mundo es enfermo, egoísta. Tienen sus obsesiones que lastiman a los que supuestamente aman, tienen sus vicios que dañan al que está al lado.
Hay gente con huevo, hay gente con valor. Con eso que muchos no tenemos. Hay gente que enfrenta, que se llena de carga, de energía, mala, buena, se llena y llega. Llega al punto crucial, a hacerse cargo, a crecer, a tomar las riendas de su vida y hacerse cargo, dejar sus caprichosos. Afrontar la realidad. Cumplir sus putos sueños sin temor a nada, llegar a sus metas.
Hay gente que es enferma y no lo sabe, hay gente que es enferma y lo sabe, pero deja el televisor prendido detrás, para distraerse cada segundo con esas voces, darse vuelta y mirar, riéndose pelotudamente de cosas que no son graciosas; perderse en una mancha en la pared, y creer que es la mancha mas maravillosa del mundo, creyendo que ver esa mancha en la pared es mucho más importante que lo que uno puede hacer, dar y recibir. Yo soy así.
Yo pienso que esa mancha es maravillosa, que Arturo es más importante que mi alma, que Arturo es más interesante que mis ganas de ser. Me olvido de soñar, y de creer, de crecer, me olvido de moverme, porque tengo miedo. Y me refugio en esas pelotudeces que lastiman a los que amamos. Que las destruyen, que las hacen mierda. Y afrontar, no. Me doy vuelta, duermo boca abajo. Sueño que soy alguien que no me interesa ser. Vos sos igual que yo, estás lleno de mierda como la que tenés alrededor. Como la mayoríar que tienen sus mierdas, y su poca capacidad de ser.
La empatía creemos que es un don, cuando es un deber. Cuando es una obligación que tenemos cuando respiramos. El egoísmo de mierda que nos mueve, que dice, así estoy bien. Así creo que soy feliz. Así me conformo.
Y no.
Porque estoy enfermo, y tengo miedo.
Y vos estuviste enfermo y seguís teniendo miedo.
El miedo no se va nunca. Nunca.
Duele, enormemente duele, cuando ya no hay mancha en la pared que ver, cuando el televisor queda en mudo y el ventilador deja de funcionar y no hay aspas para seguir contando. Duele cuando llora la persona que amas, cuando llora la persona que nunca vas a conocer. Duele cuando te quedas quieto. Sin llorar. Ni sabés si estás respirando. Y de repente, tu boca se empieza a mover, y empieza a hablar, sin voz, empezás a decir cosas. Te empezás a mover de forma espástica en la cama, y quebrás el mundo a tu alrededor. Por segundos, hasta que volvés en la misma situación de nada, de no saber si estás respirando. Sin hablar. Hace calor, ya no te importa transpirar.
Duele. Duele ser enfermo.
Duele tener miedo.
Duele no poder abrazar sin querer llorar y no animarse a hacerlo.
Duele ser egoísta, no poder dejar nuestros putos vicios de lado, y poder ser feliz. Duele creer que un segundo de una supuesta paz, es mejor que toda la mierda que hay después. Otro segundo después.
Duele hacerse cargo, duele crecer.
Duele querer ser lo que querés ser, no ser un hijo de puta, porque no querés ser un hijo de puta.
Duele lastimar a la persona que amas.
Duele un montón.
Todos somos enfermos, todos fuímos enfermos. Todos necesitamos un aliado que sea pura luz. Todos necesitamos hermanos que nos hagan ablandar el corazón para darnos cuenta que podemos ser lo que queremos, que podemos dejar de lado toda la mierda, y Ser de una puta vez. Si tengo aliados, mis aliados seguro tienen miedo, yo también tengo miedo, pero creo que todos juntos podemos. Al fin y al cabo, somos hermanos, humanos, al fin y al cabo, somos todos enfermos.

20 enero 2010

y a quién le habla el río
en esos sonidos de oscuridad, llenos de esperanza sabiduría.
idioma gris, verde, a medio nublar,
cuántos aires respiraron el mismo aire
que hoy te está haciendo callar.

a veces quiero estar acá,
muy pocas me puedo quedar.

en qué idioma habla esta tierra
que nadie quiere descifrar.

y se espanta al lobo del barrio escondido
a los ojos del día, mirando, esperando

y se olvida del terror que generaba,
cada vez que miraba y nos callaba.

olvidarse que existe el verano
esperando que se vuelva invierno el cielo
de narices congeladas y camas olor a canción.

una luz de frío cae ahí,
te ilumina las uñas esmaltadas,
de tus pies en la sombra
de la punta de la cama.