31 marzo 2009

lo mejor de la noche de un lunes lluvioso es estar al costado de un techo deseando que el colectivo no llegue, con auriculares y la voz más hermosa de todas cantando a duo casi gritando con tu horrenda y húmeda voz
I got my feet on the ground and I dont go to sleep to dream.
You got this head in the clouds and youre not at all what you seem.
This mind, this body, and this voice cannot be stifled by your deviant ways.
So dont forget what I told you, dont come around, I got my own hell to raise.
y sin darte cuenta estás haciendo un desvergonzado e invisible bailecito, inmortalizando las gotas qué, nadie sabe cómo, caen solamente en el agujero de la zapatilla derecha; el que está mágicamente sobre el dedo gordo de dicho pie, el que mágicamente es pequeño para que dicho dedo pueda sonreír y salir a tomar aire de vez en cuando; en el que caen las gotas y tus zapatillas siguen secas, salvo ahí, nadie sabe por qué..

lo peor de la noche de un lunes lluvioso es ver que ya no caen gotas del otro lado de la ventana y que todavía no intercambiamos más de diez palabras como para reafirmar o deshacer el enamoramiento infantil que me inventé y que vos nunca sabrás en base a pequeñas sonrisas robadas de tu cara..


lo bueno que en el iu tube está la misma versión que en el disco de versiones en vivo. asique sólo faltaría la lluvia, el agujero y las gotas.. y las palabras..

era más lindo cuando se daba con las duras,
no ahora que lo quieren hacer un autómata más, que le cristalizan los ojos con pastillitas de todos los colores y no le dan sentido a su alma. un asco, un asco. que pase rápido este momento, que vuelva al ayer, o deje de serlo, pero que no sea nunca más el de hoy!

28 marzo 2009

paradigma es una palabra increible.

27 marzo 2009

Y tu musa emperatriz derrama lágrimas de fuerte tristeza porque hoy es la persona más indefensa de todas: aquél hombre mayor en esa mesa acompañando su vaso de vino con la sombra de una ausencia presente; ese edificio antiguo en medio de tanta modernidad; o tus billetes todos arrugados que se escapan del interior de tu billetera en uno de los rincones de la mesa. Todo en este mundo, en esta noche, en esta mesa, es absolutamente hiriente para su estabilidad. Quedan fijos mirándose; en realidad, ella te mira fijo. Vos miras sus manos ir y venir, ves como sus dedos pasan por su cara como digno limpiador de parabrisas bajo una tormenta obsoleta en medio de la ruta treinta y dos. Ella te mira, y sus manos también. Te mira pidiéndote que reacciones, qué te pares y corras a cambiar el mundo en segundos; qué hagas todos los edificios en la cuadra tan coloniales como es aquél que ella ve con ojos de emoción; o qué personifiques un amigo de aquél anciano sentado a metros de ustedes.

Pero vos no lo hacés; tal vez por cansancio o por tu pesimismo que de antemano te avisa que no lo podés cambiar. En cambio, te quedas viéndola llorar. Tu corazón, un poco alcoholizado, también te pide a gritos que hagas algo, que no podés dejarla cometer semejante acto de maldad: que llore y que nadie le diga que está arruinando todo su maquillaje. Aunque vos sabes, que es mentira lo que dice tu corazón; ella con sus lágrimas y con su maquillaje corrido es más preciosa que cualquier vaso de alcohol.

Los próximos minutos corren iguales que los primeros. Nadie en todo el lugar se percata de sus lágrimas; por un lado pensás que sería incomodo que otra persona la vea llorar. Ella habla de su día, de las peleas que mantuvo por horas con su jefe, de su carta de despido que se avecina; se queja del poco tiempo que le queda para terminar de estudiar todo lo que no estudió en las semanas anteriores. A punto de decirle que se vaya, que vaya a estudiar, algo te lo impide. La circunstancia, el tiempo, el momento, no es el exacto. No debes interrumpirla. A pesar de que su tristeza caiga como misil en tu alma, sabes que a los dos les hace bien todo este momento.

Su silencio permanente de largos segundos, de casi largos minutos, te permite pensar en cosas que nunca pensaste que ibas a pensar; no, en realidad lo que vos nunca imaginaste fue encontrarte en una situación así. Te acordás del pasado en el que fuiste un poquito más joven y tus noches eran cómplices de las borracheras de Bukowski, de las de Poe, de las de Arlt o del mismismo Esteban Espósito bajo palabras de Castillo.

Por una eternidad, en donde todo transcurre en cámara lenta, tus pensamientos vuelven a aquellas noches. Haces un leve movimiento de labios que ella percata; interroga tus motivos por tal acción. Y lo único que le respondás te impresiona por su longitud y tu facilidad para que se resbale de tu boca en un tono tan entendible como destructivo: “es que cuando lloras, sos más hermosa que cuando te desnudas y nos acostamos juntos bajo el frío temporal de todas las noches de esta ciudad. Pero dale, seguí hablando, seguí nombrando a tu jefe y tus profesores. Seguí imaginando el pasado triste de ese viejo, o de los propios motivos por los cuales la casona de la esquina no fue remodelada. Vos seguí llorando, no te preocupes por las arrugas de tu cara y del maquillaje. Llora tranquila que te estoy escuchando enamorándome cada vez más de tu fragilidad.”

No te deja seguir, igual sabés que no podés seguir. Fueron palabras que siempre te costaron decir, y hoy las decís con tanta facilidad. Ella no sonríe, a ella no se le escapa una mueca como se te escapó a vos. Al contrario, llora con más violencia; escuchás el caer de sus lágrimas en su tasa de café. Volvés a recordar a aquellos tipos que creías insensibles. No pensás en que harían ellos en tu lugar; sólo cuestionás su facilidad para hacer éso que sabés que seguramente harían en ese mismo barrio, esa misma noche y ante semejante monumento de mujer. Pero a la vez intentás creer que los ojos que te hablan adelante tuyo; a ellos también les afectaría en la firmeza de sus palabras.

Escuchas a una distancia grande pero mínima que se quiere ir. Alcanzás a pedirle qué todavía no se vaya, qué se quede un poco más. Qué te siga acompañando con sus lágrimas, qué de verdad la estás escuchando y la estás entendiendo. Levantás la vista intentando buscar al mozo. Intentás hacerle unas señas con los dedos, pero tu mano no responde; igual, tus ojos le indican su próximo acto a seguir. Entiende, y se acerca. Pero vos no dejás que se acerque muchos pasos porque no querés compartir lágrimas bellas con él; creés que no se merece presenciar algo tan simple, como natural, como hermoso. A una distancia acorde para que tu pedido sea escuchado sin tener que pasar por una repetición de términos que te hagan quedar como borracho y además sin saber pronunciar, le hablas para que no avance más “otra botella, por favor”.

Él da media vuelta y se va; ella hace gestos de negación con su rostro, y sigue llorando. Sabés cuál puede ser el final porque lo leíste varias veces. Lo que no sabés es si vos vas a poder continuar con esa tradición, o la vas a romper porque no le demostrás la confianza suficiente para que ella sepa que sus lágrimas pueden terminar de caer en la madera del cuarto de tu casa.

Se vuelve acercar el mozo con la nueva botella. Ya no te importa si reacciona ante lágrimas, no te importa porque sabes que él no se atreve a entrometerse en esa situación con preguntas que pueden causar insultos o el mismo abandono del lugar. Le pedís la cuenta pero sin antes pedirle un nuevo café. Ahora sí, ella te mira un poco más tranquila y acepta tu indirecta invitación a quedarse sentada en frente tuyo regalándote lágrimas que a otros ya hubiesen derrotado.

Y siguen sus lamentos; ahora llora por la diferencia forma de existencia de la mesa entre la cafeína y el alcohol. Crítica tu forma de tomar, y llora con mas rudeza; vos, tomás más. A ella se le enfría el café por culpa de su fina melancolía, pero se lo toma sin quejarse. Te percatás. Te das cuenta de lo que hace. Es el momento de partir, ya se entregó a la fiel decepción aceptación del ser humano. Ya el estoicismo invadió los cuatro, en este caso dos, extremos de la mesa. Decidís pararte, con tanta dificultad que sus lágrimas se mezclan con risas. Le gritas que ella es la borracha, que no puede reírse así. Ella y sus carcajadas se levantan para estar en seguida a tus espaldas ayudándote a mantenerte de pie. Recordas que Buk hubiese escrito que Chinaski terminaría desvistiéndose en un cuarto de hotel con esa mujer.

Se dirigen a tu casa que se encuentra a varias cuadras de distancia. Tal distancia les sirve para que ella decida que desde la mañana próxima iba a buscar un nuevo trabajo a pesar de tus insistencias de que puede irse a vivir junto a tu miserable sueldo y a vos. Ella sonríe entristecida excusándose que no va a alcanzar para muchas comidas.

Los dos entienden qué lo próximo que seguirá es tirar la ropa y el rastro de sus lágrimas a un costado de la almohada, en el suelo a pasos de la cama, esparcidas bajo la ventana.

18 marzo 2009

no tengo ganas de decirte algo que no sepas
porque ni siquiera me acuerdo cuando fue
el ultimo domingo que llovio a las siete de la tarde
en el banco de una plaza
un paraguas
vos y yo

16 marzo 2009

frío te extrañé MUCHO.

09 marzo 2009

tu vida en 65 minutos vigesimoterceravez

(extracto de las palabras dirigidas a la persona que me recomendo dicha película)

(..)es más que nada, para que todo lo que diga acá, quede acá, entre tu y yo. más que nada porque soy una persona muy patética y no quiero que otros lo sepan, aunque seguramente parte de todas mis ideas que estan ahora mismo en mi cabeza y que quiero contarte, lo copiaré en mi blog,porque tal vez quede satisfecho, y diga. "listo, no tengo nada más que decir por ahora al respecto"...


porque vos me recomendaste tu vida en 65 minutos.
y todos estos pensamientos nacen a partir de ahi.



en la vida normal, te tendria que putear, te tendria que odiar por haberme recomendado esa pelicula.
en mi vida, no,
no puedo.
aunque me duela mucho
y aunque
vea algo hermosamente doloroso,
no puedo odiar.

porque.
ingenuamente
boludamente
o como fuere

uno anda buscando cosas.
y tal vez tarda años en encontrar eso
y mas en la juventud, donde muchos boludos somos los boludos que sobrepensamos las cosas, buscamos algo, buscamos cosas.
y tu vida en 65 minutos me hizo encontrar algo.

me hizo encontrarme.

y es hermosamente doloroso que sienta todo esto,
hermoso, siempre hermoso, porque si pudiera elegir verla o no
creo que la veria
y en todas las vidas
y mentes nuevas e ingenuas la veria.


es una pelicula
muy norman.
como soy norman
puedo decir eso.


y tal vez no un 100%
pero soy un extremista
y tal vez no vivo en españa
ni hay vivencias similares entre protagonista de esa pelicula
y yo..
pero..
es tan norman.



y es increible
sentirme asi.
sentir que eso soy yo.

y es raro sentir que muchas personas se pueden sentir asi.
que puedan sentir
que tu vida en 65 minutos
es muy angelica
o muy federico
o muy antonieta.


es tan raro
y tan relajante..



soy un maricon, que llora con peliculas estupidas,
que vive en una ciclotimia atroz, que puede tener la mayor cara de culo y decir MIRA YO SOY RE MACHITO Y ME BANCO TODO pero no puedo dejar de llorar con ciertas cosas.


el dia
que realmente
pueda ver esta pelicula
sin necesidad
de querer llorar
de querer gritar
de sentir

el dia que pueda verla
sin que me toque el alma
sere otra persona

y tal vez
de ahora en mas
hay que buscar
ser esa otra persona.

mas que persona
ser otros pensamientos
ser otras necesidades
ser otras realidades
ser otro.


porque si estamos aca
es porque uno tiene que ser otro al que es ahora.
por eso intento pensar
que algun dia
dejare de sentirme ASI
cuando vea tu vida..


pero realmente
no se si me la creo
no se si algun dia voy a dejar
tal vez por cansancio,
por repeticion,
deje de sentir a esa pelicula tan mia

no se si voy a dejar este personaje pasivo que soy
para accionar
para ser..

pero qué Ser
cuando realmente
cuando realmente
no hay ganas de hacer..



escuchas un acorde hermoso
lees una frase hermosa
escuchas una voz preciosa
escuchas un grito alentador
un llanto con el desahogo mas grande del mundo
una risa contagiosa
lees un parrafo hermoso
tomas la cerveza mas fria
comes la pizza mas rica
vivis el invierno mas hermoso
usas la bufanda maslinda que tenes
te sentas en una plaza a dejarte llover
te imaginas la situacion mas hermosa de todas

y pensas..
si realmente sos algo que mueve
o algo que recibe

pensas si realmente tenes las ganas suficientes de ser algo y moverte
o darta cuenta que preferis otra cosa
que nunca vas a dar mas de lo que recibis
que recibis cosas mucho mas hermosa de las que das
que nunca vas a poder dar nada
que siempre recibis
espectador de tu propia vida

hasta el punto
de explotar
porque
te das cuenta
realmente
te das cuenta
que
todo
es
sumamente,
tenebrosamente,
hermosamente,
avasallante,

un acorde atómico
una frase de destrucción masiva
una caricia filosa
una noche hermosa.

y te das cuenta que no hay nada más..




porque la constancia se vuelve aburrida.

el circulo se cierra
cuando te das cuenta
que podés sonreír
con el más mínimo detalle.
destrucción total.
siempre es lo mismo.
vivir creyendo que nunca va a ser tan hermoso como lo que fue
ocultando la ingenua esperanza que en la mañana vendrá algo mejor, sin poder darte cuenta que en el hoy hay eleccion.





al final
te conmueve el más mínimo detalle
y cualquier movimiento
te puede desgarrar el alma.

y sufrir y reir y llorar y gritar y callar y callar
recibis todo lo que no das.
lo que nunca vas a poder dar.
y
es
una
mierda
darte
cuenta
que
nunca
vas
a
poder
ser
algo
porque
no
te
nace
porque
teparalizacualquierexternalización
teconmuevecualquiergesto
ysentís
hermososdolores
tancerteros.


(..)

03 marzo 2009

quiero escupir
hasta desangrar



hasta desangrarme y volverme a armar






quiero escupir
no parar de desmayarme
hasta que no pueda reaccionar















y que alguien me quiera armar.