22 enero 2009

está ahí,
tirado en mi almohada
roncando como si no le importara nada

ocupando más de la mitad de mi cama
olvidandose que tres horas antes
jugaba a ser pefecto

me empuja
no se inmuta
respira más profundo
me despierta.

lo espio,
me repugna.
me levanto.
lo veo de lejos.

ronca.
asqueroso hombre del sueño pesado
obtenido por la satisfacción de otra
batalla vencida, de nuevas sábanas invadidas.

precosidad del encanto,
desconocidas manos
atractivas tan sólo ocho horas antes.

se cae el velo,
y toda la fantasía se quiebra
con el primer gemido,

repugnante hombre que ahora ronca,
que juega con mis deseos
sin darse cuenta que para mi era el sueño,

conquistarlo,
tocarlo,
amarlo. que me ame.

y ahora solo queda el rechazo.

ir al baño
limpiarlo de mi cuerpo
caminar a la cocina
esperar que amanezca,

que deje mi cama

dormir sin que nadie juegue su juego en mis sábanas

sólo despertar y tener que lavar mi intimidad.

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