14 julio 2008

de mujeres y de fobias

[de orsai.es]

[..] Caminábamos, despreocupados, por los últimos recovecos de una adolescencia tardía.

CHIRI —¿Por qué, de entre todas las mujeres que ves, te gustan siempre las que están atrás de un mostrador? ¿Por qué te gustan las mujeres que van por la calle con un yeso? ¿Por qué te gustan las chicas que van así nomás, con cualquier ropa? ¿Por qué notás belleza en eso, y no en la belleza top model, que muchas veces ni te calienta?

HERNAN —Es necesario que las chicas que me gustan a mí, en algún momento de su vida, hayan atendido la rotisería del padre un sábado a la noche, que no se hayan rebelado a esa obligación, y que incluso —al atender— lo hagan luego con simpatía. Las chicas que me gustan a mí tienen que haber pasado por la experiencia de que el padre, o el abuelo, les hayan pedido que atiendan el negocio familiar un sábado a la noche, y que ellas hayan pensado en la familia, antes que en ir al baile.

CHIRI —¿Y las enyesadas? ¿Por qué te gustan las enyesadas?

HERNAN —Ojo, no me gustan todas las chicas enyesadas que andan por la calle, sino las que van con un yeso y parece que no. Esas, me gustan. Son minas a las que no les importa andar por la calle mostrando que ayer se tropezaron y se cayeron. Eso habla muy bien de ellas.

CHIRI —Una vez me dijiste una frase célebre. Una definición perfecta sobre el tipo de mujer que te gusta. Me parece, además, la única definición exacta.

HERNAN —¿Qué te dije?

CHIRI —Me dijiste: “Yo me enamoro para siempre de una mujer de la que, después de cuatro meses de haberla conocido, descubro que sabe tocar la guitarra”.

HERNAN —Y es la puta verdad. Eso es mucho mejor que tetas grandes. Eso es belleza. ¿Sabés qué hay en una chica que después de un tiempo agarra una guitarra y se pone a tocar? Mucho más que eso. Eso hay. Hay la posibilidad de no aburrirte de ella nunca. La posibilidad de que alimente la relación con misterios no revelados. Y pensás: “Si después de cuatro meses no me había dicho que tocaba un instrumento, ¡la cantidad de otras cosas que habrá para descubrir!” La cantidad de Italparks con fichas gratis que va a haber. Y el otro extremo es la Cicciolina, porque lo primero que les muestra a los hombres es el pezón. Con esas mujeres está todo mal.

CHIRI —Es una cosa sabida que te sentís mucho más cómodo relacionándote con mujeres que con hombres. ¿Pero por qué creés que cuando te gusta una mujer, siempre te va a gustar una que se siente mucho más cómoda con hombres que con mujeres?

HERNAN —¡Eso es espectacular! Es algo que siempre había sabido, pero nunca se me había ocurrido un buen juego de palabras con esa desgracia. Eso que dijiste recién es realmente espectacular. Incluso odiaría que terminara siendo lo más inteligente de este libro.

CHIRI —Lo más probable.

HERNAN —Pero es verdad: si algo no me gusta de una mujer, es que tenga tópicos de mujeres, y esos tópicos los adquieren cuando están todas juntas. A las mujeres que hacen mucho pijama party cuando son chicas, y muchas cenas de mujeres solas cuando son más grandes, se les atrofia la cabeza. No me gustan lo que piensan del mundo las mujeres juntas, ni lo que pretenden pensar sobre el amor.

Por eso siempre te gustan las otras. Y te enterás al toque que les encanta estar con hombres... Te enterás, por lo general, demasiado rápido, sin que ellas te lo digan. Y ahí es donde decís: “¡Puta madre, salgan todos ustedes de ese placard!” A las otras las descubrís por completo a los siete minutos. Lo primero que te dicen es que estudian guitarra. Y ya no te dejan nada más por conocer.

CHIRI —Esta clase de mujer de la que hablamos, es la que en tu Catálogo Definitivo de Mujeres denominás Belleza Parcial, ¿no? ¿O son Rara Avis?

HERNAN —Sí, es verdad, son bellezas parciales. No son Rara Avis, que es el punto máximo al que puede llegar una mujer... Éstas de las que hablamos son bellezas parciales.

CHIRI —Porque las Rara Avis son todo esto, pero no desde ninguna entrelínea, en ellas todo es obvio. Incluso es obvia la personalidad, que es serena, es agradable...

HERNAN —No. La personalidad de una Rara Avis es arrolladora (y eso a veces no es ni sereno ni agradable). En ellas prima la personalidad sobre cualquier otra cosa. Es muy claro lo que dice el Catálogo sobre las Rara Avis...

CHIRI —¿Qué dice?

HERNAN —Que “la especie Rara Avis no centra su potencial de arrolladora belleza de cuerpo y espíritu en los parámetros con que se suelen medir estas dotes”. Y no siempre la Rara Avis va a ser la mujer que más te guste. Porque muchas veces, de la mujer que más te gusta, lo que más te gusta es moldearle la personalidad. Por eso nos gustan las bellezas parciales. Porque hay una manía muy Toto les héros, la película belga: armarte la mina ideal, como hizo el personaje. Agarró a una mujer parecida a la que amaba y la moldeó para que fuera idéntica. Ahí lo que tenés es una belleza parcial mejorada, llevada sutilmente a que complemente tu personalidad. Y en ese caso, la mujer ideal es la que se sabe adaptar a eso para siempre.

CHIRI —¿Te parece?

HERNAN —Sí, es la única posibilidad de ideal particular. Una Rara Avis (el ideal general, el Ideal con mayúsculas), nunca va a ser tu ideal propio. La Rara Avis es mejor, pero hay que bancarse esa inquebrantabilidad.

CHIRI —Acá disiento con vos, porque yo sé que a vos te gusta la mujer apasionada. Y una mujer adaptable no es nunca una mujer apasionada. Porque lo cierto es que a vos te encantaría que esa rotisera que le está haciendo el aguante al padre un sábado a la noche, y que está atendiendo con tanta simpatía a la gente, sea una ajedrecista que juega torneos nacionales.

HERNAN —Sí, eso es verdad. Me muero de amor si la rotisera es ajedrecista.

CHIRI —Y saber que está ganando torneos, que se pone mucho las pilas, que estudia, y que va a seminarios... Y que los sábados a la noche le hace el aguante al padre en la rotisería...

HERNAN —En ese caso yo, aunque esté sin laburo, ahorro toda la semana para comprarle medio pollo con papafritas los sábados. Como pollo una vez a la semana con tal de verla, de admirarla. Es un problemón, porque después nunca le digo nada. Ese es el otro asunto, que me taro. Una mujer así es algo demasiado bueno. Una chica que no te dice nada de lo que hace, y tenés que enterarte por el Clarín, porque aparece en la página que escribe Najdorf...

CHIRI —...Y que en ningún momento, en la rotisería, te está diciendo “uy, la concha, dentro de un rato tengo que encerrarme a estudiar ajedrez”. Sino que te atiende con buena onda, modosita...

HERNAN —¿Ves? Eso es una Rara Avis...

CHIRI —¿Por qué nos gusta la misma clase de mujer?

HERNAN —Supongo que porque empezamos a descubrir la estética a la vez, haciendo las mismas cosas. El gusto por la mujer es una cuestión absolutamente cultural. Y los dos hicimos lo mismo desde que teníamos ocho años. Fuimos descubriendo el arte a la vez, sacándole los velos a los pizarrones al mismo tiempo. Y si tenés los mismos gustos estéticos, y las mismas líneas argumentales, y los mismos miedos y fobias, después te gustan las mismas minas.

[..]

[de orsai.es]

1 comentario:

A. dijo...

Que lindo dialogo. interesante :)