13 junio 2006

seis, ojala que no sean siete.

En mis seis días sin vos el café se terminó de enfriar, terminé las últimas páginas del libro que me regalaste para nuestro aniversario, y hay más correspondencia que nunca debajo de la puerta. Seis días perdidos en el calendario, en mí; se parecieron a seis años interminables hirientes en espacios vacíos sin más de un color y más de mil voces alrededor.

Me desperté, soñaba que me despertaba y vos me besabas con tus ojos cerrados, tu cuerpo inmóvil y la sabana arrugada. Pero me desperté con ganas de seguir durmiendo, de seguir soñando con tus besos olor a utopía. Me desperté y la sabana perfectamente imperfecta dibujaba en blanco la ausencia del cuerpo desnudo, la ausencia tuya en mi despertar matinal.

Tal vez estabas en el baño, o en la cocina, pero esa intuición o mejor dicho, inseguridad que tanto detestas (¿me obligo a decir detestabas?) me hizo temer lo que en los últimos meses había dejado de ser una pesadilla. Parecía todo tan equilibrado , ¿cuándo fue la ultima vez que me abrazaste y me cuidaste después de mis ataques? Tanto tiempo, no recuerdo con exactitud. Una película de terror en mi propia casa, en mi cama. Pero me quedé, me quedé acostado viendo tu lado de la almohada. Tres, cinco horas, toda la mañana y parte de la tarde. ¿En qué pensaba? O ¿no pensaba y en realidad me había quedado dormido con una porción de vigilia que me engañaba y decía que en realidad ya me había despertado?

Creo que sentí una presencia del lado de la ventana, en el balcón. En un giro interminable en grados infinitos, con los ojos abiertos distinguía el ventilador parado, pero a la vez se movía, por segundos en movimientos a la velocidad de la luz, por otros segundos volvía a su reposo.

En el techo una luz que yacía apagada, las manchas de humedad convertidas en estrellas brillantes haciéndose notar en el momento. Algo encandilado cierro un poco los ojos y sigo girando mientras espió la habitación hasta dar el giro completo y llegar a la ventana. Seguía sintiendo una presencia, un lindo olor. Me está pasando exactamente lo mismo, ahora, pero todavía no levanté la vista. Es que ya conozco los actos presentes siguientes.

En esa mañana las cortinas se trasparentaban en lo grisáceo del cielo, vi el borde del balcón desde mi cama. Lo vi y no. No había nada. Pero el olor no venía de allá afuera. No sabía distinguir de donde procedía.

Me costó un mundo levantarme ese día, me quedé viendo las paredes y sus irrisorias formas que hace años eran monstruos y vos me enseñaste a pelearlos y a abandonarlos.

¿Por cuántos días no había ido a trabajar? ¿ y salir? Era raro, pero sabía que no ibas a volver, es que tus polleras ya no opacaban y robaban importancia a mis camisas. ¿y tus llaves? Sobre la heladera.

Lo se, pude haberte llamado en estos seis días de ausencia tuya. También se que ahora mismo podría llamarte. ¿Sabes lo que pasa? Que mi debilidad al hablar hoy, o en estos últimos seis días se volvió un tanto frágil, un tanto vulnerable. Podes imaginarte, que si al decir “te quiero” me temblaba la voz y el cuerpo; ahora si pronunciaría mis deseos de que vuelvas, me caería de rodillas, quien sabe si llorando..


4 comentarios:

ju dijo...

la mañana es cuando mas se extraña, la voz cortada es casi poderosa, el seis es mi numero preferido.

. dijo...

me di cuenta que el narrador de ese texto es la persona con más suerte en el mundo. quiero ser así.

très bien dijo...

Gracias por eso que decís! ^^

Pero... ¿cómo explicarte que eso es impersonal, indeterminado, no motivado?

O quizás peor: onírico, surreal, imaginativo, proyectado, ausente, de espaldas (mirando al suelo, sonrojándome, pensando una infinidad de cosas: probabilidades y estadísticas). La mente tiene que ser un eterno fluir, no una cantidad de operaciones algebráicas.

A veces ni yo me entiendo.


Vos seguís escribiendo mucho, qué bueno poder escribir tanto así, así como hacés vos.
Eso está bueno y nunca pude: soy un tanto de pocas palabras, creo.

besos, norman!
nuria.

ser dijo...

me di cuenta que prefiero ir sin dormir al colegio o con una o dos horas dormido. de esa forma escondo las ganas de llorar, porque se camufla con el sueño, con las ojeras que ya me dan miedo..